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Entrar en la ‘onda’ de las construcciones sostenibles puede impactar positivamente la billetera de quienes las hacen y de sus residentes.

Y hay varios ejemplos de ello. La sede de la farmacéutica Novartis, en Bogotá, que fue la primera obra certificada en el país con el sistema estadounidense de Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental (LEED, por sus siglas en inglés), ofrece ahorros de 43 por ciento en agua potable, a través del aprovechamiento de aguas lluvias, entre otros.

Igual sucede con las oficinas de la firma Arquitectura e Interiores, también en la capital, donde se estiman ahorros anuales de 2.000 galones de agua. Además, consumen 30 por ciento menos de energía y aunque en ocasiones se ha advertido el alto costo de este tipo de construcciones, por las tecnologías utilizadas, lo cierto es que cuando entran en operación, los beneficios para el bolsillo y la calidad de vida son evidentes.

Según el Consejo de Construcción Sostenible de Estados Unidos (USGBC, por sus siglas en inglés), “construir sostenible no tiene por qué costar más, especialmente cuando la estrategia de costos, la gestión de programas y las estrategias ambientales de un proyecto se integran en el proceso de desarrollo desde el principio.

De hecho, tras una investigación, la organización encontró que los aumentos en los costos iniciales son proporcionales al aumento del nivel de certificación de sostenibilidad del proyecto. Es decir, a mayor exigencia, vale más.
Incluso, a medida que los inversionistas y ocupantes de estos edificios se informen y preocupen más por los impactos ambientales y sociales del entorno construido, los que tienen mejores credenciales de sostenibilidad elevarán su grado de comercialización y su atractivo entre los clientes, atrayendo más fácil a los inquilinos y generan arrendamientos y precios de venta mayores.

Eso lo entendieron varios desarrolladores colombianos, que entraron en la ‘onda verde’ y pusieron al país en el mapa mundial de este tipo de construcciones.

Así va Colombia
Al 5 de marzo pasado, Colombia registraba 123 proyectos en el listado oficial del sistema LEED, que sumaban 2,7 millones de metros cuadrados; el 13 por ciento del total licenciado el año pasado.

De estos, ya hay 31 certificados: 12 en la categoría oro; otros 12 en plata y 7 más en un tercer grupo.
“Seguimos en el trabajo de inspirar y transformar la conciencia colectiva hacia un entorno construido sosteniblemente y creemos que lo hemos logrado, pues ya somos un referente y un aliado natural de los formuladores de las políticas relacionadas con el tema, entre ellos del Estado”, explica Cristina Gamboa, directora del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, organización que forma parte del USGBC, que en el mundo acoge 58.600 construcciones verdes.

Y aunque hay otros reconocimientos como el BREEAM, del Reino Unido, con versiones para España y otros países de Europa, o el CASBEE, de origen japonés, el LEED ha sido el de mayor aceptación en Colombia, donde hay una red de casi 200 empresas.

Esa dinámica también está representada en otros 7 proyectos nacionales precertificados y 75 más en fila para lograr ese sello, que ha tenido al mercado corporativo como líder de la tendencia, y a Medellín y Bogotá como las ciudades más dinámicas.

Y aunque actualmente son pocos los que se ofrecen para el segmento residencial, el arquitecto Gerson Duplat considera que poco a poco este se abre campo para hacer proyectos ambientalmente correctos.

Clave en sector residencial

“La vieja costumbre de elegir un apartamento solo por la vista que ofrece, por su funcionalidad o por sus acabados está pasando a la historia, ya que el cliente ha aprendido a comprar y exige otros aspectos como el confort interior, la iluminación natural o la recuperación de aguas para aprovechamiento en sanitarios, entre otros. Ahora, están muy interesados en el tema de la eficiencia energética y el respeto hacia lo natural”, anota.

Esto ha obligado a los constructores a involucrar la sostenibilidad como premisa de diseño y, por eso, actualmente se venden mejor las viviendas donde se integran la funcionalidad, la forma y la comodidad.

Para Duplat, el negocio de las construcciones verdes cada vez es más rentable. “De allí, precisamente, que muchos se aprovechen de la situación para ofrecer edificaciones que de sostenible no tienen sino el nombre, y que llamamos ‘greenwashing’ o arquitectura basura.

“Muchas veces se engaña haciendo creer al comprador que un edificio con cubierta verde es sostenible, cuando la realidad es que si esta no ha sido estudiada con detenimiento puede ser más dañina que benéfica; por ejemplo, al tener una arborización que requiere de mucho riego, el consumo de agua se vuelve considerable y eleva los costos de manera exorbitante”, explica.

Consolidando ‘políticas verdes’
Con este panorama, el CCCS ha liderado procesos para consolidar una política pública que este año espera hacer viables iniciativas gestionadas desde el 2010.

Una de ellas es el Sello Ambiental Colombiano para Edificaciones Sostenibles (SAC-ES) que, entre otras novedades, propone un modelo de Asociación Público Privada (APP).

Según Gamboa, “se trata de un comité liderado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y el Instituto Colombiano de Normas Técnicas (Icontec), en el cual participaron representantes de la academia, los gremios, la industria y el sector público. De ahí salió un documento que se encuentra en últimas revisiones para su paso al Comité del Sello y aprobación final”.

A esto hay que sumarle el trabajo del Departamento Nacional de Planeación (DNP) que, desde el 2012, impulsa la Política Nacional en Construcción Sostenible, que se enfocará en cinco puntos principales: consolidar un sistema de información integral, generar un óptimo marco regulatorio, adecuar los instrumentos de la política de vivienda social, promover la aplicación de incentivos nacionales y locales, coordinar las entidades nacionales, el sector privado y las entidades territoriales.

A los procesos se suma el reglamento-decreto en Eficiencia en Agua y Energía (antes conocido como Código de Construcción Sostenible, una iniciativa del ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio con la consultoría de la Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), con el cual se establecerán mínimos esperados de eficiencia para las edificaciones de distintos usos, en climas diferentes.

Gamboa recuerda otras iniciativas relevantes en el país, como el proyecto de ley para incentivos a la construcción sostenible, la estrategia colombiana de desarrollo bajo en carbono, la política nacional de compras públicas sostenibles y la política nacional de biodiversidad y servicios ecosistémicos.

“Esta normatividad está en línea con el impulso económico previsto en Colombia para este año, depende en buena medida por el crecimiento de la inversión en construcciones y obras civiles”, anota Saida Ortiz Sedano, representante de la multinacional Schneider Electric.

Agrega que al asegurarse de incorporar políticas y acciones se logra un entorno verde y sostenible, con la rigurosidad de altos estándares del certificado LEED que garantizan construcciones con una gestión eficiente de la energía, armonizadas y respetuosas del medio ambiente, que aseguran el confort para el usuario final.

Tomado de: Eltiempo.com

Redactado por: GABRIEL E. FLÓREZ G.